En estado natural el cachorro juega muchísimo, primero con los hermanos, luego con la madre y seguidamente también con los otros integrantes de la manada. Todo lo que necesita para vivir lo aprende a través del juego.
Durante las enseñanzas nos comportaremos como si fuéramos el padre o la madre del cachorro: nos divertiremos cuanto podamos y no nos preocuparemos si de vez en cuando se hace un poco de daño; lo más importante es saber imponer la autoridad en todo momento, sin olvidar que somos maestros y no «compañeros de clase» del cachorro. Nosotros decidiremos siempre cuándo se comienza y cuándo se acaba e interrumpiremos el juego, si hace falta en el momento más álgido, en el caso de que el cachorro no modere sus ardores. Siempre le haremos entender de manera clara y coherente lo que esperamos de él.
Evitaremos los errores siguientes:
- responder a sus invitaciones al juego (es decir, obedecer a sus órdenes). Si el perro nos trae la pelota o nos pide que juguemos con él con la mirada y los movimientos del cuerpo, antes le daremos una orden simple, y luego (como premio a su obediencia) lo haremos jugar;
- excusarnos y hablarle con voz de arrepentimiento si en un lance del juego, por ejemplo; lo pisamos; esta conducta deteriora el carácter del animal y le induce a la autoconmiseración cada vez que nota un ligero dolor.
EL ADIESTRAMIENTO ELEMENTAL
La llamada es un ejercicio fundamental que el cachorro debe aprender lo antes posible; de ahí que forme parte del adiestramiento elemental.
No se puede pasar a enseñarle otros ejercicios, como por ejemplo el «sentado» y el «tumbado» hasta que no responda correctamente a la llamada. |